Cuatro años después de la crisis migratoria, los botes vuelven a llegar a Lesbos

Isla de Lesbos (Grecia) – En Lesbos, la principal puerta de entrada a Europa durante la crisis migratoria de 2015, los botes llenos de migrantes vuelven a llegar casi a diario a esta isla sobrepoblada, donde los habitantes están hartos de una situación que se eterniza.

En el agitado mar Egeo, los guardacostas griegos recorren constantemente la línea de frontera con Turquía, buscando migrantes que se sumarán luego a los que ya están en el campo de Moria, en Lesbos, el campamento más importante de Europa con unas 5.000 personas, el doble de su capacidad.

En 2015 «llegaban por miles todos los días, veíamos puntitos en todas partes en los radares» y a veces «había que elegir qué embarcación socorrer de las ocho que detectábamos al mismo tiempo», explica el ingeniero Giorgos Manousos, a bordo del patrullero FPB618.

«Cada barco es un naufragio potencial», dice, aún horrorizado por las imágenes de niños que intentaba sacar del agua.

En 2017 y 2018 las llegadas de migrantes cayeron mucho, «no hay muchos incidentes», agrega. Sin embargo, a principios de marzo se halló en una plaza el cuerpo de una niña, víctima de un naufragio en las costas orientales.

En una noche de marzo de 2019, considerada tranquila para «la policía del mar» griega, 86 afganos fueron socorridos por un patrullero.

Con más de 400 llegadas por semana a principios de marzo, Lesbos sigue siendo la principal puerta de entrada a Europa de los migrantes, que huyen de las guerras y miserias, según la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR).

A principios de 2019, Grecia se convirtió de nuevo en el país que más migrantes ilegales recibe, con casi 5.500 llegadas en los dos primeros meses del año, por delante de España. Se trata de un alza de un tercio en relación a principios de 2018, según la agencia europea de fronteras Frontex.

Hay un leve aumento, pero «ya no hay crisis migratoria», se felicita Ewa Moncure, portavoz de Frontex, en referencia al millón de migrantes que llegaron a Europa hace cuatro años.

De estas llegadas masivas quedan en el norte de la isla los viejos chalecos salvavidas, abandonados a la intemperie.

«Nos acordamos todos de 2015, cuando más de 875.000 migrantes llegaron a las islas griegas», recuerda Moncure, subrayando que en 2018 se registraron 56.500 llegadas en Grecia –casi las mismas que en España (57.000)– y 23.000 en Italia.

El acuerdo entre Turquía y la Unión Europea, el 18 de marzo de 2016 para frenar los cruces del mar Egeo, hizo caer considerablemente las llegadas en 2017 y 2018 a las islas que están cerca de Turquía.

Presión de Europa 

Sin embargo, este controvertido pacto favoreció la sobrepoblación de las islas griegas, donde los migrantes están confinados a la espera de obtener las autorizaciones necesarias para seguir camino hacia el continente. En caso contrario, son devueltos hacia Turquía, como estipula el acuerdo.

«Antes, la gente se quedaba un máximo de 48 horas en las islas», dice el representante en Grecia del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, Philippe Leclerc.

«La lentitud de la burocracia griega y la fuerte presión de la Comisión Europea y de algunos países miembros para que Grecia se quede más tiempo con los migrantes en sus islas provoca la sobrepoblación y un fuerte sufrimiento de las poblaciones» locales, añade.

«Su estado de salud se deteriora por el confinamiento», denuncia Caroline Willemen, coordinadora de Médicos Sin Fronteras en Lesbos. Willemen evoca patologías mentales, enfermedades vinculadas a la falta de higiene, como diarreas, o problemas respiratorios.

En Lesbos, la población migrante, unas 7.000 personas actualmente, supera 2,5 veces la población local. En la isla de Samos, donde la situación es «explosiva», según ACNUR, la cifra es seis veces superior.

«Libérenos de este peso», pide una comerciante de Molivos, un pueblo medieval del norte de Lesbos, donde llegaron decenas de cuerpos tras un naufragio en 2015.

«Europa no nos ayuda. ¿Por qué tenemos que quedarnos con todos esos refugiados aquí?», dice Maria Dimitriou.

Gran indignación

Cerca de los alambradas del campamento sobrepoblado de Moria, donde por falta de lugar los migrantes montaron carpas y refugios en medio de los olivares, «hay problemas todos los días», denuncia el presidente del pueblo de Moria, Nikos Trakellis.

«Respiramos sus cloacas todos los días, roban pollos, cabras, verduras, hay mucha indignación entre los locales», dice, estimando que «Europa debe entender esta carga, Grecia no debe llevarla sola, debe ser compartida».

En 2015, «era como un ciclón, había migrantes por todas partes», recuerda. «Los recibimos, ¿pero cuánto tiempo va a durar? La gente está cansada, no sé cómo va a repercutir en las elecciones» locales y europeas de mayo.

«Europa no debe decepcionarnos», sostiene el alcalde saliente de Mitilene, Spiros Galinos, «esperamos la descongestión del campamento» porque «siguen viniendo».

Mohamed, un sirio que «creía encontrar la libertad en Europa», espera desde hace tres años la autorización para ir a Atenas.

Faysal Asimi, un afgano de 24 años, llegó el 19 de marzo de 2016, un día después del pacto de Turquía y la UE.

Ibrahim Adamou, un togolés de 27 años, tendrá una entrevista para su solicitud de asilo el 8 de octubre, tras meses de «dormir en el suelo, en medio del frío» en Moria.

«Hay una enorme lista de espera», confirma Dimitrios Vafeas, el comandante adjunto del campamento, «tenemos llegadas todos los días, un 90% de afganos. Es importante que los traslados se aceleren».

«La mayoría cumplen todos los requisitos para que la UE los integre progresivamente», dice Stratis Skountianellis, un abogado de refugiados.

Efi Latsoudi, miembro de Lesvos Solidarity, tiene la «impresión de que los europeos se olvidaron de los refugiados», lo que «desemboca en más xenofobia».

En un contexto de crisis económica, el refugiado se convierte en el responsable de todos los males, sostiene Lena Altinoglou, que creó un restaurante para hacer trabajar a los migrantes.

«Vemos cómo sube la extrema derecha y las manifestaciones racistas», dice, evocando el linchamiento de afganos en el puerto de Mitilene o las repetidas degradaciones de un monumento en homenaje a los migrantes ahogados. «La gente se siente traicionada por Europa, los ricos países del norte no aceptan más refugiados», dice, «quieren convertir nuestra isla en un campo de concentración».

Por Chantal Valery