El factor Orban lastra a la derecha europea ante las elecciones de mayo

Bruselas – ¿Con o sin él? El Partido Popular Europeo (PPE), la tradicional formación de derechas en Europa, se enfrenta al dilema de expulsar al primer ministro húngaro, el populista Viktor Orban, una compleja decisión que toma forma y podría complicar el futuro del bloque.

Ante los comicios europeos del próximo mayo, los reiterados ataques de Orban a la Comisión Europea presidida por Jean-Claude Juncker (PPE) lastran la campaña de la formación derechista, cuyo cabeza de lista se ve obligado a pronunciarse sobre el húngaro.

Pero la gota que colmó el vaso parece ser una campaña en Hungría contra la posición de la Comisión sobre la migración. «Ustedes también tienen el derecho a saber lo que Bruselas prepara», rezan unos carteles con la cara de Juncker y del magnate Georges Soros.

«Apoyo plenamente [a Juncker]. Somos solidarios y lo diremos alto y claro durante nuestras conversaciones con Hungría», advirtió el 21 de febrero la canciller alemana, Angela Merkel, del partido alemán CDU, el más influyente del PPE junto a sus aliados bávaros de la CSU.

Para una fuente en el seno del PPE, «la maquinaria está en marcha». «Posicionamientos como el de Merkel en Alemania (…) preparan la rampa de lanzamiento, pero después habrá que ver si existe una mayoría si se activa el procedimiento de expulsión» de Orban, agrega.

El ejecutivo del PPE, que preside actualmente el francés Joseph Daul, o siete partidos miembros de cinco países diferentes pueden activar este procedimiento. La decisión final correspondería a la Asamblea Política, que no debe justificar su elección.

«Daul actuará solo si está seguro de su golpe», reconoce la fuente del PPE. Dos partidos suecos de esta familia política y dirigentes de una formación finlandesa y otra luxemburguesa ya expresaron públicamente su deseo de expulsar al Fidesz de Orban.

«¡Que vengan!»

La decisión podría llegar durante la reunión política del partido el próximo 20 de marzo en Bruselas, la víspera de una cumbre de dos días de mandatarios de la UE que ya se anuncia intensa por la salida de Reino Unido de la UE, prevista el 29 del mismo mes.

La elección no es fácil, sobre todo cuando se aproximan los comicios a la Eurocámara previstos del 23 al 26 de mayo y que el primer ministro húngaro, junto a sus aliados, quiere convertir en una lucha contra la política migratoria promovida por la UE.

Preguntado el 22 de febrero sobre una reunión del PPE para evaluar su expulsión, Orban, de 55 años, respondió a la radio Kossuth: «¡Me parece muy bien! ¡Que vengan! (…) Así será posible debatir los puntos de nuestra campaña sobre migración, que no pueden refutar, solo criticar».

Si se echa al Fidesz húngaro, el PPE teme que Orban se alíe con la Liga del ministro italiano del Interior, el ultraderechista Matteo Salvini, a la que la primera proyección de la Eurocámara le otorga un fuerte aumento, hasta los 27 escaños, de los 705 en juego.

«Si lo expulsamos, lo echamos a los brazos de Salvini», declaró un eurodiputado de la CDU que pidió el anonimato. El Fidesz y un partido aliado representan 12 de los 217 escaños del PPE y, según la Eurocámara, podrían pasar a 13 y 184, respectivamente, tras las elecciones.

Además, la fuente en el seno del PPE subraya que convertir al húngaro en un electrón libre supone «dejarle una capacidad de bloque» en el seno del Consejo Europeo, que reúne a los mandatarios.

Pero la caída en las proyecciones del PPE supone un problema también para la derecha si no expulsan a Orban, blanco de las críticas de los partidos de centro y de izquierdas por la situación del Estado de derecho en su país, a la hora de buscar alianzas.

La Eurocámara debe dar su visto por mayoría al candidato propuesto por los mandatarios a la presidencia de la Comisión Europea. Para ello, el aspirante del PPE, el alemán Manfred Weber, debería, según los sondeos, contar con el apoyo de al menos tres grupos.

«Y su ausencia de reacción [ante Orban] volvería su candidatura todavía menos legítima a ojos de los Verdes, socialdemócratas y liberales», según Eric Maurice, analista de la Fundación Schuman.

Por Toni Cerdà