En Serbia, un Danubio no demasiado azul

Belgrado – A unas cuadras del corazón histórico de Belgrado, las barreras se abren y dejan pasar a un camión cisterna que se dirige a la orilla del majestuoso Danubio, donde vierte su carga de aguas residuales.

No se trata de una operación secreta sino más bien de algo de lo que la gente prefiere no hablar. Belgrado es la única capital europea que expulsa sus aguas no filtradas al segundo río más largo del continente.

Un hedor nauseabundo se eleva del líquido marrón lleno de zurullos, a años luz de la imagen que evoca «El Danubio azul» del compositor austriaco Johan Strauss.

Para los pescadores que viven del Danubio y del Sava, que forman una confluencia espectacular a orillas de la antigua fortaleza de Belgrado, estas operaciones diarias son una práctica «desastrosa».

«A mí me dan ganas de llorar y a todo el mundo le da igual», afirma a la AFP Dragoljub Ristic, un pescador de 59 años.

Alrededor de un tercio de los 1,6 millones de habitantes de la capital serbia no tienen conexión con el alcantarillado y dependen de fosas sépticas, cuyo contenido se vierte directamente en los ríos.

Aún así, el agua sucia de los que sí que tienen acceso al alcantarillado acaba en el mismo lugar, a través de un centenar de canalizaciones de evacuación.

La ministra serbia de Infraestructuras, Zorana Mihajlovic, calculó que 190 millones de metros cúbicos de aguas residuales -es decir, 60.000 piscinas olímpicas- acababan cada año en los ríos Belgrado.

Lavado automático

«Ninguna otra gran ciudad de Europa comete un crimen así contra sus ríos», exclama Goran Vesic, vicealcalde de Belgrado, que reclama un verdadero sistema de tratamiento de aguas residuales.

El Danubio nace en Alemania y discurre hacia el este a lo largo de 2.850 km por nueve países, y desemboca en el mar Negro.

En 2019, científicos austriacos señalaron niveles «críticos» de la bacteria fecal e-coli en la parte serbia del Danubio, un indicativo -según los expertos- de una fuerte contaminación orgánica.

El consumo de la bacteria «puede provocar infecciones urinarias o neumonías», explicó a la AFP Igor Jezdimirovic, de la oenegé Environment Engineering.

Debido a su fuerza y su gran tamaño, el Danubio logra «autolimpiarse» relativamente bien de los desechos orgánicos. La mayor parte del año, las partículas bacteriológicas no alcanzan el umbral crítico de 500 microgramos por mililitro, según Bozo Dalmacija, profesor de Química que dirige unas investigaciones sobre la calidad del agua en Serbia.

Pero quienes pasan su vida en el Danubio explican que han constatado un deterioro,una acumulación de materias que reduce la profundidad del agua.

No existe una gran multitud de estudios científicos pero, según los pescadores, la variedad de los peces ha cambiado, y ahora hay menos especies juzgadas nobles y más detritívoros, como los peces gato.

«Hemos matado todos nuestros ríos, mataremos también este. El Danubio es un río muy fuerte y muy potente que gestiona [la contaminación] pero no podrá hacerlo siempre», lamentó Mladen Jovic, un pescador de 59 años.

 «¡Actos!»

Serbia espera adherirse a la Unión Europea para 2025, pero su balance medioambiental supone un obstáculo y el país requiere 5.000 millones de euros en inversiones para construir infraestructuras más respetuosas con la naturaleza.

El país ha señalado que eso es imposible y reclama un periodo de transición de 11 años tras la adhesión. «No podremos hacer eso en cinco años. Ya vamos con retraso», declaró Bozo Dalmacija a la AFP.

A finales de julio, el presidente Aleksandar Vucic anunció que 70 municipios serbios serían equipados con «fábricas de tratamiento de aguas y de sistemas de sumideros».

«No podemos hacer eso con nuestro presupuesto actual», advirtió no obstante el profesor Dalmacija. «Quizá [Vucic] tenga otras informaciones».

No es el primer anuncio de este tipo. El vicealcalde de Belgrado prometió hace cinco años que los sumideros de la capital estarían terminados para 2020, pero luego retrasó ese plazo a 2025. Hace poco, dijo que el problema quedaría resuelto en 2029.

En enero, las autoridades de Belgrado firmaron un acuerdo con el chino CMEC (China Machinery Engineering Corporation) para poner en marcha una planta de tratamiento de aguas pero las obras todavía no han empezado, pues de momento Serbia no dotó de fondos al proyecto.

«Como decían los ancianos, actos, no palabras», lanzó Igor Jezdimirovic.

Por Miodrag Sovilj