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La presión migratoria en Melilla hace temer una espiral de violencia

Nador (Marruecos) - El intento de los migrantes africanos de penetrar irregularmente en el enclave español de Melilla condujo a unos enfrentamientos "sin precedentes" entre estos y la policía marroquí, que hicieron temer una espiral de violencia.

"Eso fue la guerra. Teníamos piedras para luchar contra los militares marroquíes", testimonia un sudanés de 20 años, en un centro de retención en Melilla.

Otro migrante, detenido en el mismo centro, cuenta que escaló la valla que separa la ciudad marroquí de Nador del enclave español antes de que un agente de seguridad le golpeara las manos. "Caí inconsciente del lado español, donde fui golpeado por las fuerzas del orden", explica.

Estos dos jóvenes formaban parte de cerca de 2.000 migrantes procedentes del África subsahariana que intentaron entrar por la fuerza el 24 de junio por la mañana en la ciudad autónoma española de Melilla, situada en territorio marroquí.

Al menos 23 migrantes murieron y 140 policías resultaron heridos, según las autoridades locales marroquíes. Es el balance más mortífero jamás registrado en los numerosos intentos de emigrantes subsaharianos de entrar en Melilla y en el enclave español vecino de Ceuta, que constituyen las únicas fronteras terrestres de la UE con el continente africano.

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La violencia sin precedentes del asalto marca un punto de inflexión, según expertos en migración. "Es la primera vez que se observa tal violencia por parte de los migrantes frente a las fuerzas del orden", subraya Omar Naji, que sigue desde hace años las cuestiones migratorias en el seno de la Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH) en Nador.

La presión genera violencia

En el barrio fronterizo de Barrio Chino, los marroquíes están conmocionados. "¡Estamos aterrorizados por lo que pasó! Esta es la primera vez que inmigrantes armados con palos y barras de hierro apuntan a las fuerzas del orden", explica Issam Ouaâid, de 24 años.

Para Omar Naji, de la AMDH, la escalada de la violencia se debe a la reconciliación diplomática entre Rabat y Madrid, tras un año de crisis, y a la reanudación de la cooperación en materia de migración ilegal.

Situado en el extremo noroeste de África, Marruecos es un país de tránsito para muchos migrantes que buscan llegar a Europa, desde sus costas atlántica o mediterránea.

"Las autoridades marroquíes trataron a los migrantes de manera muy dura. Sitiaron sus campamentos. No cabe duda de que esta presión generó la violencia sin precedentes que hemos presenciado", asegura Naji.

Antes del drama, los medios de comunicación españoles habían informado de enfrentamientos esporádicos entre migrantes y fuerzas del orden marroquíes.

Para Oussmane Ba, presidente del colectivo de las comunidades subsaharianas en Marruecos, "las difíciles condiciones en las que viven estos migrantes los condicionan psicológicamente a la violencia".

La mayoría de los nuevos migrantes que llegan a Marruecos proceden de Sudán, en particular de Darfur, donde un nuevo brote de violencia causó recientemente cientos de muertos y 50.000 desplazados.

A pesar de los intentos de alejarlos de la región de Nador, siguen decididos a volver a entrar en la UE arriesgando su vida. "Estamos hablando de personas que esperan aquí de dos a tres años. Marruecos no puede cerrar completamente sus fronteras para desempeñar el papel de gendarme de Europa, esta política conducirá a más violencia", advierte Naji.

La policía marroquí anunció que el 26 de junio por la mañana había fracasado un plan para asaltar la valla metálica entre la provincia de Tetuán (norte de Marruecos) y el enclave de Ceuta. Según la Dirección General de Seguridad Nacional (DGSN), se detuvo a 59 candidatos a la inmigración clandestina.

Por Ismail Bellaouali y Fadel Senna, con Kaouthar Oudrhiri en Rabat