El mal tiempo no arredra a los migrantes en el estrecho de Gibraltar

Tarifa (España) – Un mensaje de radio llega a Tarifa desde un barco de socorristas españoles: “34 migrantes magrebíes rescatados”. Las travesías por el Mediterráneo entre Marruecos y España, donde este año han muerto cientos de jóvenes, no amainan, pese al frío y las tormentas.

Desde las alturas de Tarifa, veteranos marineros experimentados se turnan tras las pantallas de los radares del centro de coordinación de operaciones de búsqueda y rescate, a cargo de vigilar los movimientos en el estrecho de Gibraltar, transitado por 100.000 embarcaciones al año.

Desde allí, “un día de buen tiempo, se ven las casas en el norte de África”, señala el jefe del centro de coordinación de Salvamento Marítimo, Adolfo Serrano. En la parte más estrecha, apenas 14 kilómetros separan a Marruecos de España.

Pero con “unas condiciones meteorológicas no muy buenas, un mar que puede cambiar, donde hay fuertes corrientes, donde puede sorprender la niebla, es un viaje francamente muy peligroso”, advierte Serrano.

“Sobre todo por el tipo de embarcaciones” que utilizan los migrantes, botes inflables o canoas de plástico que pueden volcarse fácilmente, señala.

“Nunca había visto un otoño así: siguen llegando embarcaciones con mujeres embarazadas, niños”, dice a la AFP José Antonio Parra, mecánico del servicio marítimo de la Guardia Civil, con 25 años de experiencia.

Ese día, los 34 migrantes marroquíes rescatados de un bote neumático, entre ellos seis mujeres con rostros adolescentes, son llevados al puerto de Algeciras, recibidos por la Cruz Roja y finalmente entregados a la policía.

Pero las pequeñas embarcaciones son difíciles de detectar por lo radares y muchas veces son localizadas cuando los mismos migrantes avisan por teléfono.

El 5 de noviembre, durante una tormenta, naufragó un bote que no había sido detectado frente a las costas de Barbate, una población a una hora en automóvil desde Algeciras, y 23 jóvenes marroquíes murieron.

 

 

Sin saber nadar

Sus cuerpos llegaron a la playa de este balneario andaluz, visitado por surfistas y pescadores. Otros 21 sobrevivieron.

“Hacía un temporal de muerte. Muchos no sabían nadar”, recuerda el portavoz de la Guardia Civil de la provincia de Cádiz, Manuel González,

Nueve menores fueron puestos bajo tutela de la región de Andalucía y dos adultos sospechosos de haber pilotado la embarcación fueron detenidos. Los otros serán devueltos a Marruecos, en aplicación de un acuerdo con Rabat.

Desde entonces, más cuerpos han llegado a otras playas. Nueve migrantes africanos se ahogaron tras errar una semana en el mar, según el único sobreviviente, un adolescente guineano que vio morir a su hermano, relata González.

Habían pagado 700 euros a los traficantes, quienes los obligaron a lanzarse al mar en un pequeño bote inflable con un solo remo.

Entre enero y el 9 de diciembre, 687 migrantes murieron intentando llegar a España por mar, tres veces más que durante el mismo periodo de 2017, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

Esta ruta migratoria no es la más mortífera -1.306 migrantes murieron en 2018 en la travesía hacia Italia y Malta-, pero es la “más frecuentada”, según la OIM, con más de 55.000 llegadas desde el 1 de enero.

 

 

“Hasta los hombres lloraban”

Los socorristas describen dos tipos de migrantes: los africanos de origen subsahariano, que celebran exultantes cuando son recogidos por los guardacostas a los que a veces ellos mismos han llamado, y los marroquíes, quienes buscan llegar inadvertidos para evitar su devolución.

Abou Bacari fue rescatado el 19 de octubre. “Nuestro barco se tambaleó, teníamos mucha alegría”, dijo a la AFP en Madrid este joven de 18 años, partido a sus 16 años de Costa de Marfil donde perdió su empleo en un platanar.

“62 personas, de ellas cuatro niños” estaban a bordo del bote que partió de Tanger, señala. “Guineanos, malienses, marfileños… nos perdimos en el mar durante dos días”. La embarcación sufrió una perforación y “hasta los hombres lloraban”, agrega.

 

Embarcación repleta de menores

Algunos días, como el anterior fin de semana, más de medio millar de migrantes son rescatados por los guardacostas españoles.

Un miembro de un remolcador, que no ofrece su nombre, dice que los rescatistas están “muy afectados sicológicamente” por la multiplicación de los dramas.

“Nunca me había pasado que en una embarcación completa vinieran menores (…). Eran 45 menores, con 14, 15 años”, cuenta José Antonio Parra. “Incluso el que llevaba el motor, que se supone que es una persona contratada por la mafia para traerlos hasta España, (…) era un menor”, acota.

La primera foto del cuerpo de un migrante llegado a una playa de Andalucía fue publicada hace 30 años. Hoy, filas de lápidas en el cementerio de Tarifa marcan los lugares donde los migrantes no identificados son enterrados.

 

 

El nombre tatuado

“A veces nos encontramos con gente que acaba de llegar en patera, con el nombre tatuado en el brazo. Nos dicen que lo hacen en caso de su muerte. De alguna forma estamos asistiendo a una normalización de la muerte y esto, éticamente, es imposible de aceptar”, dice José Villajos, presidente de una asociación de ayuda a los migrantes fundada en 1991 en Algeciras.

La Unión Europea “está utilizando a los países del norte de África con acuerdos para que frenen la emigración y que sirvan un poco de policía de Europa”, pero esta política conduce a “más y más muertes en el Mediterráneo”, denuncia.

“Cuando hay acuerdos pendientes de firma por parte de países africanos” como Marruecos, “curiosamente aumenta terriblemente el número de embarcaciones que salen de la costa” como “forma de presionar a Europa”, afirma Villajos.

Para la jefa de la misión de la OIM en España, María Jesús Herrera, “es importante que a la vez que se trabaje en los países de origen” para buscar una mayor estabilidad social y económica, “también Europa abra unas vías regulares y correctas de una emigración segura y digna para las personas”.

Por Laurence Boutreux