España y el difícil sueño de importar y revender en masa el gas de EEUU

Madrid – Donald Trump afirmó que Europa va a comprar más gas estadounidense, un anuncio bien recibido en España, que con sus numerosos terminales sueña con ser una plataforma de tránsito de estas importaciones. Sin embargo, antes deberá conectarse mejor a la red europea de gasoductos, un reto político y económico.

La cuestión volvió a la actualidad a finales de julio en Lisboa, con motivo de la cumbre tripartita entre España, Francia y Portugal sobre las interconexiones energéticas.

Junto con Portugal, España reclama desde hace años que se ponga fin al aislamiento de la península ibérica de las redes europeas de distribución de gas y electricidad.

De momento está avanzando el tema de las conexiones eléctricas, pero no así el del gas, que cuenta con la oposición de los ecologistas. Y sin embargo, ahí está la posibilidad, muy tentadora comercialmente, de transportar gas norteamericano.

Donald Trump afirmó haber acordado con el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, un aumento de las importaciones de gas estadounidense, de manera que los europeos se convertirán en «grandes compradores».

El procedimiento habitual es que el gas es licuado en los terminales de salida, transportado en estado líquido en buques y regasificado al llegar al terminal de destino.

España y Portugal, país este último que en abril de 2016 recibió el primer cargamento de gas natural licuado estadounidense en Europa en su terminal de Sines (sur),  querrían aprovechar la ocasión que se les presenta.

Un asunto estratégico

En la cumbre de la OTAN celebrada en julio en Bruselas, en la que Trump criticó la dependencia del gas ruso en la UE y pidió a los europeos comprar gas estadounidense, Madrid propuso sus servicios, según reveló el ministro español de Exteriores, Josep Borrell.

«Los españoles estamos importando ya cada vez más gas norteamericano. Estamos ya en el 25% (…) y entre Portugal y España tenemos plantas de licuefacción que permitirían recoger el gas americano transportado en tanker y a continuación enviarlo en gasoductos a Europa», declaró Borrell a la prensa internacional.

No obstante, advirtió, «si el gas americano llega a la península pero no puede seguir (hacia el resto de Europa) pues tenemos un problema».

España cuenta con seis terminales de regasificación, más que cualquier otro país de Europa.

Dispone de una conexión con los gasoductos franceses en el oeste de los Pirineos, pero al mismo tiempo está pidiendo la construcción de otra conexión al este, del lado de Cataluña, para aumentar la capacidad.

El proyecto, bautizado Midcat, estuvo en estudio en una primera cumbre tripartita sobre interconexiones energéticas, celebrada en marzo de 2015 en Madrid. Pero en Lisboa, Francia sólo quiere hablar de interconexiones eléctricas.

«No se espera que se pueda desbloquear» la cuestión del gas, explicó antes del encuentro Gonzalo Escribano, experto en energía del Real Instituto Elcano, de Madrid.

«No sabemos quién pagaría, y los franceses están resistiendo muchísimo», añadió.

El secretario de Estado portugués aseguraba sin embargo el 10 de julio que «la cuestión del gas se está tratando en este momento».

¿Qué ha pasado entonces?

Un estudio de viabilidad encargado por la Comisión Europea y publicado en abril llegó a la conclusión de que el gasoducto Midcat, con un coste evaluado en más de 440 millones de euros, no presenta ninguna ventaja para los países del norte, que también disponen de terminales de regasificación.

Así por ejemplo, el terminal francés de Montoir, en la región de Bretaña, no está más lejos del puerto texano de Corpus Christi que el puerto de Bilbao, en el País Vasco.

Conectar los terminales de la península ibérica con el resto de Europa por gasoducto tampoco mejoraría la seguridad de los suministros europeos, incluso en el escenario de que Rusia, Argelia o Catar suspendieran su suministro, concluyó el estudio efectuado por la consultora finlandesa Pöyri.

Excedentes de capacidad

De hecho, «las 32 terminales de regasificación de Europa tienen grandes excedentes de capacidad», destacaban en mayo los analistas de IHS Markit, quienes prevén que de aquí a 2020 las capacidades de importación de gas natural en Europa hayan aumentado más de un 20%.

La cumbre de Lisboa está por ello dedicada a las interconexiones eléctricas, y a la firma de un acuerdo de financiación de una línea submarina de 370 km entre Francia y España, pasando bajo el Golfo de Vizcaya.

La Comisión Europea subvencionará el proyecto al 30%, aportando 578 millones de euros, una cantidad sin precedentes para un proyecto energético.

Por Patrick Rahir