Miedo al caos en Dover y Calais tras el Brexit

Dover (Kent, Reino Unido) – «Hace días que es un desastre, pero con el Brexit será todavía peor». Son palabras del camionero Peluso Donati, que teme los posibles atascos a ambos lados de la Mancha causados por los controles aduaneros extras.

A las tres de la mañana, Donati, de 28 años, sale del almacén de su empresa en Calais, en Francia, a diez minutos del eurotúnel, para hacer una entrega en Gran Bretaña. Antes de tomarlo, encadena seis controles en poco más de una hora: «radio» del camión, control de perros y el paso por las aduanas francesas e inglesas.  «Si hay todavía más controles… (tendremos que) multiplicar por dos» este tiempo para pasar, afirma preocupado.

Mientras que la primera ministra británica, Theresa May, intentaba convencer a los diputados de aceptar su proyecto de acuerdo con la Unión Europea -que desagrada tanto a eurófilos como a euroescépticos-, la amenaza de una salida brusca de la Unión Europea, sin acuerdo negociado con Bruselas, planea todavía.

Con el Brexit «hay un enorme riesgo de pérdida de fluidez, que asusta a todos», explicó a la AFP Philippe Hourdain, presidente de la Cámara de Comercio e Industria (CCI) de la región Alta Francia, donde se encuentra Calais.

El regreso de los migrantes

Sébastien Rivera, secretario general de la Federación Nacional de Transportes por Carretera (FNTR) de Paso de Calais, imagina ya «filas de camiones en la carretera A16 o en la circunvalación del puerto».

«Nuestros vehículos serán otra vez objetivo de los migrantes», que se aprovecharán de la disminución de la velocidad para subir e intentar llegar a Reino Unido, afirma.

Donati ya ha vivido esa experiencia: «Una familia, con dos niñas pequeñas de cinco a siete años, un niño pequeño de tres años, la madre y el padre» lograron colarse en su remolque.

El primer ministro francés, Edouard Philippe, visitó el puerto de Dunkerque, que, como otros puertos franceses, intenta anticiparse construyendo un amplio aparcamiento adicional y habilitando una zona de espera para los camiones antes de los controles aduaneros.

Del lado inglés, el desafío es considerable, especialmente en Dover, donde desembarcan cada día 10.000 camiones en un trasiego perfectamente ordenado.

Ahora mismo un camión tarda dos minutos en hacer los trámites de paso, pero «aunque no hicieran falta más que otros dos minutos por camión, esto provocaría atascos de más de 17 millas (27 kilómetros) en Dover y un caos idéntico en Calais y Dunkerque», avisan las autoridades del puerto de Dover en su web.

Y a diferencia de otros puertos, este es muy difícil de adaptar. «Es un lugar estrecho. En un lado están los acantilados, al otro La Mancha y la ciudad de Dover. No hay espacio disponible», resume Tim Reardon, encargado de la salida de la Unión Europea en dicho puerto.

En el lado británico, sea cual sea el resultado, «las empresas le harán frente», asegura David Foley, el presidente de la Cámara de Comercio de Dover. Pero reconoce que a estas «no les gusta estar a la expectativa. Necesitan anticiparse». Aunque a veces esto resulta difícil.

Las empresas de transporte temen varias problemáticas, según señala Pauline Bastidon, de la Asociación de Transporte de Carga ETA: los procesos administrativos tras el Brexit, el paso de las fronteras, el acceso al mercado y la posibilidad de mantener a los trabajadores europeos, que hoy son una fuerza vital esencial para la logística de Reino Unido.

Por Pauline Froissart, con Zoé Leroy en Calais