Strache, el polémico ultraderechista convertido en hombre de Estado en Austria

Viena – Queda lejos la época en que Heinz-Christian Strache, líder del partido ultraderechista austriaco, vestía ropa militar para participar en ejercicios paramilitares con neonazis. A sus 48 años, ha abandonado su polémico pasado, rechaza toda forma de extremismo y es el nuevo vicecanciller austríaco.

Tres décadas después de que la policía alemana lo detuviera en una manifestación de un grupo que imitaba a las juventudes hitlerianas, el jefe del Partido de la Libertad de Austria (FPO) tiene ahora el aspecto de un hombre de Estado, con sus gafas, sus trajes y corbatas y su semblante serio.

Falta por ver cómo actuará el hombre que en 2016 calificó a la canciller alemana, Angela Merkel, de «mujer más peligrosa de Europa» por su política migratoria, y si podrá conservar el apoyo de su partido.

Cuando este exprotésico dental, criado por su madre en un barrio de clase media-baja de Viena, alcanzó la presidencia del FPO, en 2005 a los 35 años, el partido estaba sumido en el caos.

Joerg Haider, su controvertido pero carismático líder entre 1986 y 2000, se había marchado para crear su propia formación, y el FPO había quedado debilitado por su participación en un gobierno a principios de los años 2000.

Con el nuevo impulso de Strache, el partido logró el 26% de los votos en las elecciones legislativas de octubre de 2017, un resultado que le permitió entablar negociaciones con el ganador de los comicios, el conservador Sebastian Kurz.

Esas conversaciones terminaron con un acuerdo entre ambos partidos, que Kurz y Strache presentaron al presidente Alexander van der Bellen.

«Justicia»

La última vez que el FPO entró en un gobierno, en el año 2000, con Haider como presidente, la noticia suscitó preocupación en Europa.

Pero esta vez apenas ha habido reacciones en una Europa más acostumbrada a los populistas que entonces, y más benevolente con un partido al que considera más moderado que antaño.

Strache ha ido cambiando la imagen de su formación. Los carteles de sus primeros años de liderazgo con mensajes como «Daham statt Islam» («Hogar en lugar del islam») se volvieron menos estridentes y más sutiles.

En la campaña de este año, los principales mensajes del FPO fueron «justicia» -una palabra flexible con la que defiende tanto la necesidad de reducir impuestos como la de recortar ayudar a los inmigrantes- y la oposición a la «islamización» del país.

Y en su camino hacia la moderación en las formas, suspendió a los miembros del partido acusados de antisemitismo, como un edil local que saludó al grito de «Heil Hitler» en octubre.

El cambio no logra sin embargo convencer a todo el mundo. En septiembre, un grupo que recuerda a las víctimas de los campos nazis publicó una lista en la que contabilizaba al menos 60 incidentes racistas y antisemitas vinculados con miembros del FPO desde 2013.

«Sólo ellos pueden contestar a la pregunta de si cambiaron realmente de ideología», asegura la analista Alexandra Siegl. «Yo diría que cambiaron sobre todo sus tácticas y estrategias».

El partido ultraderechista aboga por suspender la inmigración «hasta nuevo aviso», despotrica contra los criminales extranjeros y pide que cesen los esfuerzos por integrar a los refugiados ya que, siguiendo su lógica, sólo están en Austria de forma temporal.

Y respecto a Europa, la actitud de Strache sigue siendo la de un euroescéptico, que califica a Bruselas de «monstruo burocrático» y opina que Reino Unido «estará probablemente mejor después del Brexit».

Para Nina Horaczek, una periodista galardonada que escribió una biografía sobre Strache, el dirigente entendió que debía «actuar como un hombre de Estado si el FPO quería lograr más de 20%» de los votos.

«Pero con su programa y todos sus discursos sobre ‘una invasión masiva’ y la propagación del miedo a una inminente ‘guerra civil’ en nuestro país, está claro que sigue siendo radical», afirma Horazcek.

Por Simon Sturdee y Philippe Schwab