Tras el atentado en el sur del país, Francia se interroga de nuevo sobre el salafismo

París – Varios políticos franceses hicieron un llamamiento a combatir el salafismo tras el atentado perpetrado en el sur del país por un yihadista sospechoso de tener lazos con esta rama rigorista del islam.

«Pienso que es necesario tomar acciones fuertes, políticas, de carácter simbólico, de prohibición del salafismo«, afirmó el ex primer ministro socialista Manuel Valls dos días después de los atentados que causaron cuatro muertos en el suroeste de Francia. Valls retomó así una idea que tuvo desde los días posteriores a los atentados de noviembre de 2015 en la región parisina (130 muertos).

«Sí, tenemos un enemigo y debemos nombrarlo: es el islamismo radical. Y uno de los elementos del islamismo radical es el salafismo«, declaró Valls el 18 de noviembre de 2015.

El salafismo es «el estado preparatorio de la radicalización y la radicalización puede conducir al terrorismo», declaró en junio de 2015. Yassin Salhi acababa de decapitar a su jefe Hervé Cornara, en el este de Francia, esgrimiendo banderas islamistas.

Radouane Lakdim, franco-marroquí que mató a cuatro personas el 23 de marzo cerca de Carcasona (suroeste), estaba fichado «S» (inicial que se refiere a la Seguridad del Estado) desde 2014 a causa de sus supuestas relaciones «con el movimiento salafista», según las autoridades.

Sin pronunciar la palabra «salafismo«, el nuevo líder de la derecha, Laurent Wauquiez, llamó a «impedirles (a los islamistas) actuar antes que provoquen un derrame de sangre».

La presidenta del partido francés de extrema derecha Frente nacional (FN), Marine Le Pen, pidió «la disolución» de las asociaciones «en manos de los Hermanos Musulmanes y de los salafistas».

«Nuestro país debe lanzar una vasta operación de erradicación del salafismo«, dijo por su lado el diario de derecha Le Figaro.

«Muy difícil»

Una prohibición es jurídicamente difícil y sería con toda seguridad revisada por el Consejo Constitucional, garante de la libertad de pensamiento religioso, que protegen los artículos 10 de la Declaración de Derechos Humanos y 2 de la Constitución de 1958.

«Es muy difícil aplicarlo. Es muy difícil técnicamente (y) muy difícil jurídicamente», según Frédéric Péchenard, responsable regional del partido Los Republicanos (LR, derecha) y ex director general de la policía nacional.

Boris Vallaud, portavoz de los diputados socialistas, se mostró sorprendido de que Manuel Valls proponga medidas que él consideraba imposible aplicar cuando estaba en el gobierno.

El interesado respondió moderando sus declaraciones. «No se prohíbe una religión o incluso una idea, pero digo muy claramente que hay que prohibir a fondo la propagación de lo que es el salafismo, porque el enemigo está ahí», precisó Valls en Franceinfo. «Por supuesto todos los salafistas no son terroristas, pero todos los terroristas son salafistas», agregó.

«¿Es posible prohibir el salafismo?», preguntaba el diario católico La Croix. «Desgraciadamente no», responde. «No se puede prohibir una ideología o una convicción», pero «hay que prohibir» los llamamientos a la violencia y por lo tanto cerrar  mezquitas y expulsar a los predicadores extranjeros, considera el diario religioso.

Una ley de octubre de 2017 hace posible el cierre de las mezquitas. La mezquita marsellesa As-Sounna, una «referencia del salafismo«, según las autoridades, tuvo que cerrar sus puertas y su imán está bajo procedimiento de expulsión.

En octubre de 2016, Emmanuel Macron, quien por entonces no era un candidato oficial a la presidencia, respondió a una pregunta sobre los salafistas diciendo que deseaba «desmantelar las asociaciones que no respetan la ley de la República en nombre de la religión».

Hace unos días, ante la Asamblea Nacional, el primer ministro Edouard Philippe recordó que «no se puede prohibir una idea. Se pueden sancionar los comportamientos que provocan si son contrarios al orden público».

Por Joseph Schmid y Loic Vennin