La confusión en torno a la futura política económica de Italia

Milán – Cada día, el ministro italiano de Interior, Matteo Salvini, alza la voz sobre los migrantes o los romanís. Sin embargo, en lo tocante a la economía, la política que emprenderá el nuevo gobierno italiano sigue siendo confusa, pues desde el ejecutivo llegan señales contradictorias.

Después de que el presidente italiano rechazara al euroescéptico Paolo Savona, finalmente titular de la cartera de Asuntos Europeos, los dos partidos de la coalición gubernamental, el Movimiento 5 Estrellas (M5S, antisistema) y la Liga (ultraderecha) acordaron otorgarle a Giovanni Tria el puesto de ministro de Economía y Finanzas.

Permanencia en la zona euro, medidas para reducir la deuda del país, que registra el ratio más elevado de la eurozona por detrás de Grecia (132% del PIB), respeto de los compromisos europeos sobre las cuentas públicas… las primeras declaraciones de este economista tranquilizaron a los mercados. De golpe, el «spread», que muestra los diferenciales de tipos alemán e italiano a diez años, se redujo, tras haberse disparado en mayo.

Los dos partidos en el poder, como Tria, precisaron que la reducción de la deuda se efectuaría a través del crecimiento, principalmente con la promoción de inversiones y el aumento de la demanda gracias a una «renta de ciudadanía» de 780 euros mensuales y una reforma fiscal. Y ninguna medida de austeridad.

Objetivos del déficit revisados

En este contexto, los diputados votaron el 19 de junio una moción para revisar los objetivos de déficit público de 2019 a 2021. Aunque el texto precisa que esto se hará «respetando los compromisos europeos», es decir, un déficit público por debajo del 3% del PIB, queda por saber a qué nivel.

El gobierno anterior de centro-izquierda preveía una relación entre el déficit y el PIB del 1,6% en 2018 y 0,8% en 2019, muy por debajo del 2,3% de 2017; y un equilibrio presupuestario para 2020.

Según los medios, este equilibrio habría sido aplazado para 2021. Roma pide, además, que cambien las reglas europeas para que se consideren los gastos de forma distinta a los otros gastos en el cálculo del déficit.

Una serie de interrogantes que deberían empezar a resolverse en septiembre, cuando el ejecutivo presente su «marco programático», con presupuesto y previsiones.

Pero el nombramiento de dos miembros de la Liga fuertemente euroescépticos al frente de importantes comisiones parlamentarias fue percibido como una mala señal por los mercados, lo que comportó que el «spread» se disparara provisionalmente.

Alberto Bagnai fue designado presidente de la comisión de Finanzas en el Senado y Claudio Borghi -partidario de los mini-Bots, unos títulos vistos como una especie de moneda paralela al euro-, de la de Presupuesto en la Asamblea.

«No sabemos qué política económica seguirá Italia. De momento, escuchamos declaraciones tranquilizadoras sobre la disciplina presupuestaria y la reducción del endeudamiento, pero ya veremos […] Por lo que vemos, los mercados están bastante nerviosos y ansiosos, quieren entender cuál será el mix de las políticas italianas», subrayó la directora general del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde.

Equilibrista

Las tensiones podrían nacer incluso dentro del propio gobierno, por lo que Tria podría verse obligado a realizar piruetas dignas de un equilibrista.

Eclipsado en el día a día por las impactantes declaraciones de su colega de Interior, Salvini, sobre la inmigración, Luigi Di Maio, ministro de Trabajo, espera imponer sus ideas sobre la cuestión de la «dignidad».

Di Maio prometió atacar la precariedad, retocando el «Jobs Act» -la reforma del mercado de trabajo que introdujo más flexibilidad-, negociando con los grandes grupos que crean empleos precarios (como el reparto de comida a domicilio) e introduciendo un salario mínimo por hora.

Pero la promesa estrella del M5S es la puesta en marcha de la renta de ciudadanía, que debería permitir la integración de los más pobres en el mercado de trabajo. Tria, que en el pasado manifestó sus dudas sobre el interés de esta medida, mostró sus reservas sobre su puesta en marcha, mientras que Di Maio desea que esta «prioridad absoluta» del gobierno entre en vigor a finales de 2018.

Salvini, muy votado por los pequeños empresarios, hizo de la «flat tax» (impuesto único) su caballo de batalla. También defiende una suerte de amnistía fiscal que permita a los italianos llegar a un acuerdo con el fisco que les resulte ventajoso.

Por Céline Cornu